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Raúl Salinas, del hermano incómodo al hermano impune  Una columna de Jenaro Villamil

Raúl Salinas, del hermano incómodo al hermano impune Una columna de Jenaro Villamil

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Símbolo de la corrupción durante el gobierno que prometió llevar a México al primer mundo, Raúl Salinas de Gortari se ganó el sobrenombre del “hermano incómodo” el 21 de noviembre de 1994, cuando Proceso publicó por primera vez el recuento pormenorizado de las andanzas, negocios, tráfico de influencias y riquezas del primogénito de una dinastía que encumbró a Carlos Salinas en la presidencia de la República.

Han pasado casi dos décadas de esa edición. Transcurrieron 17 años y 3 meses de complicados litigios contra Raúl Salinas de Gortari, incluyendo una década en la cárcel, acusado de ser el autor intelectual del asesinato de José Francisco Ruiz Massieu, su ex cuñado y secretario general del PRI. El priista Ernesto Zedillo lo encarceló y mandó a Carlos Salinas de Gortari al exilio. Durante la docena panista de Vicente Fox y Felipe Calderón, Raúl Salinas fue liberado y exonerado de cuatro de los cinco delitos que pesaban en su contra: homicidio, peculado, defraudación fiscal y lavado de dinero, al mismo tiempo que su hermano, el ex presidente, “normalizó” su vida pública, publicó libros, se convirtió en socialité y se autonombró un protagonista del “debate de las ideas”.

El 31 de julio pasado, la Procuraduría General de la República anunció que apelaría la sentencia del 19 de julio del juez 13 de distrito en materia penal, Carlos López Cruz, quien exoneró a Raúl Salinas de Gortari del último delito que pesaba en su contra: enriquecimiento ilícito. Ese mismo día, Enrique Peña Nieto, el político mexiquense que protagonizó el retorno del PRI a la presidencia de la República, fue intervenido quirúrgicamente de un mal en la tiroides.

En los últimos 17 años, la PGR ha perdido en todos los procesos contra Raúl Salinas. Exonerado del delito de enriquecimiento ilícito al “hermano incómodo” le serían devueltos un total de 224 millones de pesos depositados en 12 cuentas bancarias, así como 41 propiedades inmobiliarias en 24 entidades del país, incluyendo el Distrito Federal, Estado de México, Guerrero, Jalisco, Morelos, Querétaro, Oaxaca, Baja California Sur y Puebla.

El juez López Cruz admitió en su sentencia que Raúl Salinas acumuló en menos de diez años una fortuna inexplicable para alguien que vivía de su salario como burócrata: pasó de tener 17 inmuebles y bienes por 60 mil dólares, en 1983, antes de ser nombrado gerente general de Distribuidora Conasupo S.A. de C.V., a acumular, en abril de 1992, un total de 52 millones de dólares, 49 inmuebles y fondos de inversión en el extranjero.

Sin embargo, el juez admitió que “al no acreditarse que los bienes que fueron adquiridos por el servidor público Raúl Salinas de Gortari son el producto del abuso de las atribuciones conferidas” es innecesario el delito de enriquecimiento ilícito.

Símbolo de impunidad de la clase política

De esta manera, Raúl Salinas de Gortari pasaría de ser un símbolo de la corrupción a un símbolo de la impunidad, “la máxima derrota de la procuración de justicia en este país”, advierte el historiador y ensayista Lorenzo Meyer, entrevistado por Proceso para analizar las repercusiones políticas del caso.

No hay espacio para el optimismo en el análisis de Meyer, autor de La Segunda Muerte de la Revolución Mexicana y crítico puntual del salinismo:

Para entender este proceso, es necesario ver a los Salinas casi como un accidente. Si no hubieran sido Carlos y Raúl, serían otros. El problema de fondo es la calidad y la cantidad de la corrupción, independientemente de partidos políticos, de la alternancia o del cambio de gobiernos. Algo está encallecido en nuestra clase política.

En el caso de mexicano, resulta que la clase política fracasa una y otra vez y no le pasa nada. En otros países, la clase política que fracasa debe terminar en el basurero de la historia. Así está sucediendo con Silvio Berlusconi en Italia. Así sucedió con Menem en Argentina, con Collor de Mello en Brasil, con Fujimori en Perú, pero en México, no pasa nada. Al contrario, a Raúl Salinas hasta le devuelven sus millones.

Coautor de la Historia de la Revolución Mexicana, 1928-1934, conocedor del periodo cardenista, especialista en las relaciones entre México y Estados Unidos, Meyer va articulando una hipótesis: a diferencia del valor que se le da a la competencia en el mercado económico, en el caso político, la incompetencia y la corrupción “es lo que conviene”.

“Hay solidaridad en la impudicia de una clase política que fracasa una y otra vez en su cometido fundamental que debe ser el bienestar del país, pero a ellos les va muy bien. Se han montado en una tendencia que es histórica en México: la incompetencia de la clase política y su impunidad”.

-¿El caso de Raúl Salinas indica que la corrupción durante el periodo neoliberal fue mayor que durante el estatismo mexicano?

-No es mayor. Siempre ha sido igual. Lo terrible es que, por un momento, algunos pensamos que México había dado un salto cualitativo con la alternancia y no fue así.

“El mensaje que envía la clase política a la sociedad con el caso de Raúl Salinas de Gortari es tremendo: ‘miren bola de babosos, la situación política real es ésta. Hagan lo quieran. Al final, nosotros, la clase política, entendemos la naturaleza de la corrupción en este país y no va a cambiar”.

-¿Es un mensaje de impunidad total?

-Sí. La principal responsabilidad es de la PGR. Quizá porque su trabajo no es procurar la justicia sino la injusticia. La impunidad es la mayor de las injusticias.

-Sin embargo, Raúl Salinas pasó algunos años en la cárcel, dirían algunos.

-Sí, estuvo por una cosa que no se le comprobó (la autoría intelectual del crimen de Ruiz Massieu), pero eso todavía sirve para hacer más cínica a la sociedad mexicana.

“Es una pedagogía muy bien hecha por la clase política: no hay que hacerse ilusiones, aquí no pasa nada.

“El fenómeno de Raúl Salinas le conviene a la clase política. Sin decirlo explícitamente, nos indica que nunca habrá posibilidades de transformar el enorme castillo de corrupción que es el sistema político mexicano.

-¿Por qué entonces encarcelan a personajes como Granier, Elba Esther Gordillo, etc?

-Porque Granier es un advenedizo en la clase política tradicional. Al sistema político le sirve muy bien, de vez en vez, que alguien caiga, como pasó con Jorge Díaz Serrano, pero a los de a deveras, como al señor Montiel del Estado de México, a esos no les quita ni se les toca.

Los fondos de Suiza y la partida secreta

Meyer recordó también dos episodios que hablan de la doble cara de la clase política frente al fenómeno de Raúl Salinas de Gortari: las confesiones del ex presidente Miguel de la Madrid y las declaraciones grabadas a Luis Téllez, entonces secretario de Comunicaciones y Transportes, sobre el robo de la partida secreta de la presidencia.

En ambos casos, advierte el historiador, “nos hicieron saber más o menos que hubo saqueo de las arcas públicas, pero no pasó nada”. “¡Que mala suerte de este tipo!”, exclamó Meyer al recordar a Miguel de la Madrid. “Nos dijo que se arrepintió de haber dejado a Carlos Salinas de Gortari porque resultó que le gustaba el dinero”.

En mayo de 2009 el ex presidente Miguel de la Madrid admitió en una entrevista con Carmen Aristegui que su sucesor, Carlos Salinas de Gortari, encubrió la corrupción de sus hermanos, en particular de Raúl y Enrique, quienes tenían “vínculos con grupos del narcotráfico”.

Raúl Salinas “conseguía contratos de gobierno, se comunicaba con narcotraficantes. No recuerdo exactamente cuáles, pero con los que le dieron dinero para llevárselo a Suiza”, declaró De la Madrid.

“Cuando yo ya no era presidente me di cuenta del dinero que se había llevado Raúl, la cuenta de Suiza. Más o menos me di cuenta que las operaciones se hacían por medio de bancos norteamericanos; hacían las transacciones de recoger el dinero y llevárselo a Suiza”, abundó.

Las declaraciones de De la Madrid provocaron una inmediata y airada reacción para obligar al ex presidente a desdecirse, al tiempo que sus familiares y ex colaboradores cercanos argumentaron que estaba mal de sus facultades mentales.

Raúl Salinas de Gortari publicó una carta aclaratoria, el 14 de mayo de 2009, para defenderse de las acusaciones del ex presidente De la Madrid. En relación al “fondo de inversión” formado en 1994 con capital de distintos empresarios, incluyendo a Carlos Peralta, Carlos Hank y Roberto González Barrera, afirmó:

Durante 13 años (1995 a 2008) fui exhaustivamente investigado por cuatro de los países más avanzados en materia de investigación criminal (Suiza, Francia, Inglaterra y Estados Unidos). Los elementos encontrados en estos países fueron nutriendo la investigación suiza.

Finalmente, las autoridades suizas concluyeron que no existían elementos que pudieran vincular, ni siquiera a nivel de indicios, el patrimonio depositado en aquel país con alguna actividad relacionada con el narcotráfico.

En junio de 2008, el juez suizo, Paul Perraudin, emitió una sentencia en la que dio por cerrado el caso en Suiza, estableciendo que no existían elementos que me vincularan a mí o a mi familia con el crimen organizado.

La sentencia absolutoria del pasado 19 de julio no se pronunció sobre el dinero depositado en Suiza e Inglaterra. De acuerdo a la PGR, a Salinas de Gortari le fueron devueltos un total de 74 millones de dólares de esos 110 millones de dólares que formaron parte de un “fondo de inversionistas”.

El otro escándalo que fue acallado se produjo a raíz de la divulgación de una grabación del ex secretario calderonista de Comunicaciones y Transportes, Luis Téllez, quien fue subsecretario de Agricultura con Salinas y titular de Energía en el sexenio de Ernesto Zedillo.

En febrero de 2009 se divulgó una declaración de Luis Téllez que hablaba de Ana Paula Gerard, esposa del ex presidente Salinas de Gortari: “Ana Paula ya trae ese rollo también…y bueno, en el caso de Salinas se robó la mitad de la cuenta secreta; sí, hizo muchas cosas”.

El 12 de febrero, poco después de conocerse las grabaciones, Téllez leyó un comunicado en una rueda de prensa. Admitió que era real la grabación donde acusa a Salinas de sustraer la mitad de la partida secreta, pero alegó que lo hizo “de manera indebida”. “Nunca he tenido evidencia alguna sobre acciones ilícitas del ex presidente Carlos Salinas”, atajó. Cuestionado sobre su probable renuncia a la SCT, Téllez respondió que no había razón alguna para abandonar el cargo. Semanas después, Calderón lo relevó (Proceso, No. 1685).

El debate sobre el robo de la partida secreta fue alentado por el propio Raúl Salinas de Gortari. En la llamada telefónica con su hermana Adriana Salinas, divulgada en octubre de 2000 en El Noticiero de Canal 2 de Televisa, Salinas advierte que aclarará de dónde salieron los fondos.

“Voy a decir qué fondos salieron del erario público para que se devuelvan, yo creo que con eso la sociedad sí quedará contenta”, sentenció Salinas de Gortari al quejarse de las declaraciones recientes de su hermano Carlos.

“Sí, Adriana, lo saqué a través de Gobernación por instrucciones de él”, atajó Raúl Salinas.

Nunca volvió a mencionar Raúl Salinas este episodio. Ni en su libro Diario del Infierno de Almoloya, editado en 2005 por Diana.

El juez López Cruz, en su sentencia del 19 de julio, resolvió que entre septiembre de 1990 y julio de 1994 poco más de 2 mil 700 millones de pesos de la partida secreta fueron transferidos ilegalmente a una cuenta de Banco Mexicano Somex, a través de Ernesto Sentíes Hoyos, ex director general de Administración de la Presidencia de la República.

Sin embargo, el mismo juez advirtió que “resulta irrelevante” si este dinero fue desviado para beneficiar a Juan Manuel Gómez Gutiérrez, contador de Raúl Salinas de Gortari, porque éste ya había sido exonerado por el delito de peculado en la sentencia de 2004 dictada por el Segundo Tribunal Colegiado en Materia Penal de Toluca.

Paradójicamente, los magistrados de Toluca absolvieron a Raúl Salinas de haberse beneficiado con 207 millones de los 2 mil 218 millones de pesos desviados por Sentíes, afirmando que la partida secreta de la  Presidencia de la República, no tenía una finalidad específica.

La cadena de impunidades

En síntesis, ninguno de los delitos o de la cadena de favores y tráfico de influencias que se le imputaron a Raúl Salinas de Gortari desde que operaba como “El Señor 10 por Ciento” en el sexenio de su hermano se confirmó y menos se sancionó.

En junio de 1991, la periodista Manú Dornbierer publicó en su columna “La Gente”, del periódico Excélsior, que Raúl y Enrique Salinas obtendrían el 25 por ciento de la concesión del Hipódromo de las Américas durante 25 años.

El entonces procurador general Ignacio Morales Lechuga y el gerente general del hipódromo, Justo Fernández, negaron la versión. Dornibierer en una entrega posterior, afirmó que el propio Raúl Salinas de Gortari, “evaluador técnico de Solidaridad, principal programa sociopolítico del gobierno”, fue a quejarse con el director de Excélsior, Regino Díaz Redondo, de ese artículo.

En abril de 1994, tras el asesinato de Luis Donaldo Colosio, el comisionista británico Kaveh Moussavi generó un escándalo al divulgar en Washington que él fue víctima de un intento de soborno cuando fue representante de la trasnacional IBM en México.

“Me refiero al proyecto de la refinería Santa Cruz, que se concedió a la Corporación Mitsubishi. Yo fui testigo del hecho de que los servicios del señor Raúl fueron contratados por Mitsubishi por una tarifa de 10 por ciento en el proyecto multimillonario”, escribió Moussavi en el documento Carpizo Expuesto.

Moussavi fue descalificado en México como un extorsionador, chantajista y otros adjetivos por la prensa cercana al entorno salinista.

Durante el proceso de privatización de Imevisión, Raúl Salinas le prestó 30 millones de dólares a Ricardo Salinas Pliego, el concesionario que resultó ganador, a través de un fondo de inversiones que lideraba para la compra de los canales 13 y 7. La noticia se conoció tres años después del proceso de desincorporación de los canales del Estado.

En su libro El Tigre, Emilio Azcárraga y su Imperio Televisa, los periodistas Claudia Fernández y Andrew Paxman recordaron que Raúl Salinas “se acercó a Serna, a Gómez Flores, y al propio Salinas Pliego, entre otros. A los Vargas, por ejemplo, los visitó en su casa y les pidió que le hicieran una presentación sobre lo que haría Multivisión e caso de ganar la televisión y qué haría para competir con Televisa”.

“Sobre el tráfico de influencias o de información no hay pruebas documentales; sólo testimonios como el de ejecutivos de NBC Noticias que preguntaban en México –un mes antes de la privatización–, quién era un tal Ricardo Salinas Pliego que decía que ya estaba amarrado con el hermano del presidente”, escribieron Fernández y Paxman.

Parte de la enorme riqueza inmobiliaria de Raúl Salinas de Gortari fue publicada el 12 de diciembre de 2004 por Proceso. Un documento elaborado por la Dirección General de Procesos de la PGR detalla que tan sólo en el Distrito Federal, el hermano del ex presidente adquirió 25 propiedades: desde un terreno en Lomas de Chapultepec, adquirido por 750 millones de pesos en enero de 1989, hasta varias casas en las delegaciones Coyoacán, Alvaro Obregón, Benito Juárez.

En Guerrero, Raúl Salinas se hizo propietario de 17 inmuebles, incluyendo un lote de 100 millones en Ixtapa, Zihuatanejo más otro en la zona hotelera que le costó 225 millones de pesos en 1991. En Morelos adquirió 6 inmuebles, entre ellos, dos en Tepoztlán, entre 1990 y 1991. En Puebla compró la ex hacienda Las Mendocinas por 156 millones de pesos. Y todo con el salario de director general y gerente general en la estructura del gobierno federal.

Todos esos bienes le serán regresados a quien hace 19 años fue señalado como “el hermano incómodo” y ahora se ha vuelto el “hermano impune”.

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