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Petrobras, ejemplo… de lo que no debe hacerse en Petróleo. Una columna de Jenaro Villamil

Petrobras, ejemplo… de lo que no debe hacerse en Petróleo. Una columna de Jenaro Villamil

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“Nosotros no somos ejemplo de lo que hay que hacer en materia petrolera. Por el contrario, en Brasil existen fuertes protestas en contra de los contratos de producción y de utilidad compartida recientes”, advirtió el ingeniero Paulo Smith Metri, quien trabajó para Petrobras y actualmente es consejero del Club de Ingeniería de su país.

Experto en exploración de campos profundos y especialista en los modelos de contrato que se han impulsado en el país andino, Metri puso como ejemplo el caso reciente de las protestas sociales generadas por la licitación del campo petrolífero de Libra, de aguas ultraprofundas, a 170 kilómetros de Río de Janeiro, adjudicado el pasado 21 de octubre a un consorcio formado por Petrobras (40 por ciento), a las trasnacionales holandesa-británica Shell y a la francesa Total (20 por ciento cada una) y a las chinas CNPC y CNOCC (10 por ciento cada una).

La concesión de Libra se considera la mayor licitación para extraer petróleo en la historia de Brasil. Según la Agencia Nacional de Petróleo, sólo ese  yacimiento posee entre 8 mil y 12 mil millones de barriles de reserva, lo cual duplicaría las reservas del país sudamericano que ascienden a 18 mil millones de barriles. Se prevé que produzca hasta 1.4 millones de barriles por día y el consorcio se comprometió a pagarle al Estado brasileño el 41.65 por ciento de las utilidades.

“Es un pésimo negocio para el Estado brasileño. No había necesidad de licitar un campo con una reserva de 10 mil millones de barriles de petróleo, en promedio, donde la explotación no representa ningún riesgo de no encontrar petróleo. Fue un manjar puesto para las trasnacionales”, advirtió Metri, en entrevista con Proceso.

El caso de la licitación del campo de Libra “es un ejemplo de lo que no debe hacerse”, sentenció. “Si un país concesiona las reservas petroleras, pierde el poder estratégico que representa el petróleo. No es un asunto de tecnología o de recursos, sino de soberanía”, indicó el especialista brasileño.

“En todo caso, Brasil es un ejemplo de cuánto perdemos en reservas, de ganancias, de integración regional y de soberanía por abrir las licitaciones a compañías privadas que van ya sobre seguro”, abundó, en entrevista realizada antes de su participación en la 14 sesión del debate sobre la reforma energética, organizada por la bancada del PRD en el Senado.

La reflexión de Metri ocurrió la misma semana que el periódico norteamericano The Wall Street Journal publicó una trascendido sobre una supuesta negociación entre el gobierno de Enrique Peña Nieto y la cúpula del PAN para que la reforma energética en México no se limite sólo a los contratos de utilidad compartida (contenidos en la propuesta original del Ejecutivo federal) sino también en los contratos de producción compartida y concesiones, tal como se aplicaron en Brasil desde la reforma constitucional de 1995.

Durante esta semana, tanto los coordinadores del PAN y del PRI en el Senado negaron que existan tales negociaciones, aunque el coordinador del blanquiazul, Jorge Luis Preciado, admitió que él fue quien le explicó a la prensa norteamericana que la iniciativa panista contempla la figura de las concesiones.

En su discurso en el evento “México 2013”, organizado por la revista británica The Economist, el primer mandatario Enrique Peña Nieto no negó las versiones publicadas por The Wall Street Journal, sino reafirmó que si no se emprende la reforma constitucional de los artículos 27 y 28 este año, el país “perderá competitividad” y puso como ejemplo a Brasil.

“Así ocurrió en Brasil, así ocurrió en Colombia que, prácticamente, duplicaron la exportación y, sobre todo, los niveles de producción petrolera, precisamente a través de haber modificado su andamiaje jurídico. Y México se mantuvo frente a esto pasivo y rezagado”, afirmó Peña Nieto.

Las presiones de las trasnacionales

“En Libra hubo una presión directa de los gobiernos norteamericano y británico representando a las empresas privadas, directamente, frente al gobierno de Dilma Roussef”, especificó Paulo Metri.

Desde días antes del 21 de octubre, más de mil efectivos militares acordonaron la zona del hotel Windsor, en Barrada Tijuca, Río de Janeiro, donde se daría a conocer el resultado de la licitación más grande en la historia de Brasil.  Cientos de personas estaban protestando por lo que consideraban un “regalo” a las empresas trasnacionales.

Ildu Sauer, ex directivo de Petrobras y actual secretario del Instituto de Energía y Medio Ambiente de la Universidad de Sao Paulo, afirmó que no se trataba de una licitación sino de “una entrega a manos privadas” de la soberanía petrolera brasileña. Sauer encabezó un litigio ante los tribunales de Brasil para echar abajo la licitación, argumentando que el Estado brasileño perderá miles de millones de dólares.

“El 21 de octubre será recordado en Brasil como un gran delito contra la nación”, sentenció Sauer en la prensa especializada.

A su vez, la directora de la Agencia Nacional de Petróleo, Magda Chaimbriard, defendió la licitación al consorcio formado por Petrobras y cuatro trasnacionales afirmando que era “una excelente oportunidad de acelerar el desarrollo industrial del país y el crecimiento del empleo” porque aplicarían el 75 por ciento de las utilidades del Presal (como se le denomina a los campos petroleros brasileños que están en aguas profundas) en educación y 25 por ciento en salud.

Metri rebatió este argumento. Señaló que Shell ya había tenido a su cargo ese campo y lo devolvió a las autoridades, después de que abandonó la exploración del mismo. Fue Petrobras la que invirtió alrededor de 60 millones de dólares para explorar los campos conocidos como Presal y garantizó que la explotación sería rentable.

“No hay necesidad de regalar así el petróleo”, indicó. Recordó que Shell, Total y las dos compañías chinas son las mismas que operan la explotación de campos petrolíferos en Nigeria, Gabón y Etiopía donde  han cometido “verdaderos crímenes contra la población por el dominio del petróleo”.

“Los técnicos conscientes de la riqueza que representa el campo de Libra y del valor estratégico de tener el control sobre el petróleo respectivo, saben que debió ser entregado a Petrobras, mediante el contrato de repartir, sin previa licitación, haciendo uso del artículo 12 de la ley 12.351.

“Además, esta entrega no debió hacerse ahora y, sí, en la época en que esta empresa ya estuviera cosechando los ingresos de las varias inversiones hechas en el Presal y en otras áreas. La sociedad brasileña tiene el abastecimiento seguro del petróleo para los próximos 40 años gracias a Petrobras, entonces, no hay prisa para explotar el Presal”,abundó el especialista.

En contraste con el caso del campo de Libra, Metri puso como ejemplo el caso de las reservas del campo Tupi (hoy rebautizado como Lula, en honor al ex presidente), donde Petrobras invirtió 260 millones de dólares para explotar en aguas profundas, cantidad que ninguna empresa privada estuvo dispuesta e invertir. Tupi es explotado por Petrobras.

“En Brasil, las empresas extranjeras no pretenden descubrir nuevas reservas, quieren desarrollar la explotación del petróleo ya descubierto por Petrobras que es el que sabe cómo llevar a cabo la exploración y determinar las nuevas reservas”, argumentó.

Los errores de una apertura

“México no debe seguir el ejemplo del cambio constitucional que impuso Fernando Henrique Cardoso, en 1995”, indicó Metri, en referencia al cambio que abrió la industria petrolera de Brasil a la licitación de empresas privadas, quebrantando la legislación que establecía el monopolio de la producción petrolera a la empresa estatal.

En Brasil, la industria petrolera fue estatal desde la ley de 1953 que estableció el monopolio de Petrobras, resultado del movimiento social conocido como “El Petróleo es Nuestro”. Las presiones de las trasnacionales petroleras no se hicieron esperar. El general Getulio Vargas, quien defendió el monopolio estatal las llamó “aves de rapiña” en su carta testamento.

Desde 1960, Petrobras logró la autosuficiencia en inversión, investigación científica y tecnología, sobre todo en exploración en aguas profundas.

En 1995, Fernando Hernique Cardoso impulsó un cambio constitucional para pasar del monopolio estatal al modelo de contratos con privados, vía concesiones. Ninguna empresa privada, advirtió Metri, “descubrió reservas nuevas. Todas fueron exploradas por Petrobras”.

“Cardoso agarró el peor modelo: el de las concesiones al 100 por ciento porque se pierde todo el poder del Estado y no benefició en ninguna tecnología”, afirmó Metri.

Petrobras fue la única empresa que comenzó a desarrollar investigación y exploración en aguas profundas, con una calidad superior a Shell y  a otras compañías privadas. En 2006 se descubrió que los campos de Presal del Brasil, de gran profundidad, pueden tener entre 40 mil y 100 mil millones de barriles de petróleo de reserva, colocando al país sudamericano entre las naciones con mayor volumen de reservas.

Durante el gobierno de Lula, ante la falta de inversión del capital privado, a pesar de las enormes concesiones otorgadas, se consiguió aprobar en el Congreso un nuevo marco regulatorio, la ley 12.351 que modificó el régimen de concesiones y adoptó el de la utilidad compartida.

El cambio legislativo creó un fondo social de la explotación para las actividades petroleras que debe destinarse a programas sociales.  Desde entonces, Brasil tiene dos modelos: concesiones y el de utilidad compartida.

La nueva legislación impulsada por Lula determinó que Petrobras fuera la operadora única de los campos de Presal, en aguas profundas, asociada a empresas extranjeras. Para 2012, las reservas probadas de petróleo y gas en Brasil ya ascendían a 17 mil 260 millones de barriles de petróleo, de los cuales 15 mil 720 millones de barriles de petróleo, “suficientes para el abastecimiento del país por 17 años”, argumentó Metri.

Actualmente, bajo el esquema de contratos de utilidad compartida existen en Brasil cerca de 12 pozos en perforación, de los cuales el más importante es el de Libra, que se entregó en condiciones muy favorables a un consorcio donde Petrobras no tendrá el control, sino sólo el 40 por ciento.

Metri precisó que en Brasil no se ha explotado el shale gas o gas de lutitas –que se plantea como modelo de negocio privado en México- porque la Sociedad Brasileña del Progreso de la Ciencia (BPC) determinó que la explotación podría afectar la cuenca acuífera del Guaraní.

-¿Cómo ha sido el fenómeno de la corrupción en Brasil desde la apertura? –se le cuestionó al especialista.

-La corrupción no se dejó atrás. Al contrario, ahora tenemos una corrupción legalizada, que es aquella que permite que el petróleo se vaya al extranjero y no se quede en Brasil.

-¿Qué es lo que no se debe hacer, de acuerdo a la experiencia brasileña?

-No se debe cambiar de un monopolio estatal a un oligopolio privado.

-¿Por qué?

-Porque un monopolio estatal tiene más responsabilidad y más posibilidades de control por parte del gobierno que un oligopolio privado. Además, se pierde algo muy importante: el poder. Cuando tú llamas a empresas extranjeras a compartir la producción o las utilidades, estás perdiendo el poder como nación.

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