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De Freire, de la libertad y educación.  Empoderamiento y combate a la opresión

De Freire, de la libertad y educación. Empoderamiento y combate a la opresión

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Por Israel Rosey Bermúdez (@israrosey)[1]

¡Cuánta falta le hace a México que sus personas lean a pensadores como Paulo Freire! ¡Cuánto liberarnos de la opresión! ¡Menester un cambio estructural por medio de la educación, del despertar de las conciencias, de la ayuda al otro! Por tal razón es imprescindible conocer el pensamiento de Freire, ese hombre que pretendió liberar a través de la educación al oprimido.

Paulo Freire -pensador brasileño- advirtió en la ignorancia el enemigo por antonomasia de las personas, de ahí el abuso, explotación y marginación hacia ellas;  vislumbró una mejor sociedad con el despertar –de las conciencias- de las personas del Brasil, ese Brasil dividido entre unos cuántos detentadores del poder y el pueblo pobre, oprimido e ignorante que busca sobrevivir cada día (del que obviamente, como en México pasa, se abusa de su situación); el intelectual sensible que reacciona con mecanismos que garanticen la igualdad, la libertad, la justicia. Busca, ante todo que despierten, que se hagan conscientes de su realidad. De ese tamaño es Paulo Freire. De esos grandes hombres es quien liberó, por medio de la educación, esa educación humanista basada en el amor y de coraje, al pueblo pobre de un Brasil ignorante en el que le tocó vivir. Por esta razón, porque la mayoría de las personas de México sufren de opresión por parte de los poderosos, sean políticos o empresarios o aquel que se encuentra en una relación de supraordinación, me siento obligado a brindar algunos puntos estratégicos de la educación como medida de liberalización (debo decir que no soy especialista, sin embargo, sí un férreo promotor de un cambio como lo entiende este pensador).

Freire, vislumbró – y como debemos verla nosotros también si es menester un nuevo rumbo- a la educación como humanista, basada en la integración de la persona con su realidad, como proceso de recreación, de búsqueda, de independencia y solidaridad en el educando; concienciar ante todo. Este tipo de educación combate la manipulación e ideologías sistémicas que responden a las estructuras de dominación de la sociedad.

Para Freire, concienciar implica un cambio de mentalidad que hace comprender realista y correctamente la ubicación de las personas en la naturaleza y en la sociedad. Encierra la conciencia de la dignidad, ya que vislumbra que en la medida en que algunas personas no se les permita existir para ellos sino para otros o en función de otros, aquellos que les vedan esa existencia independiente tampoco son genuinamente seres para sí, por lo que no habrá beneficio alguno.

En el pensamiento de Freire no cabe más la distinción entre el educando y el educador, ya que la liberación (la educación como forma de libertad) que postula es que nadie educa a nadie, que tampoco nadie se educa solo, sino que las personas se educan entre sí, mediatizados por el mundo. Es férreo promotor de acabar con la educación como concepción bancaria, aquella que concibe al educando como un sujeto pasivo (el maestro lo sabe todo; la ignorancia por dejar del alumno), como una cosa. Por el contrario, Freire, vislumbra a la educación como una fuerza para el cambio y para la libertad, de autorreflexión sobre su tiempo y su espacio, ya que una de las tragedias de las personas es que  se encuentran dominadas por  la publicidad organizada, lo que origina la renuncia de su capacidad de decisión y reflexión individual e interna.

Percibe un situación harto critica: advierte que las personas comunes no captan las tareas propias de su época, ya que le son presentadas por una elite que las interpreta y se las entrega en forma de receta –en México sucede con las dos grandes televisoras y periodistas “chayoteros” que se encargan de transmitir aquel deleznable despacho-, de prescripción a ser seguida. Y cuando juzga que se salva siguiendo estas prescripciones, se ahoga en el anonimato, en el ninguneo como lo vislumbra Octavio Paz, índice de la masificación, sin esperanza y sin fe, domesticado y acomodado: ya no es sujeto, se rebaja a objeto, se cosifica.

Por lo que es menester la necesidad de una permanente actitud crítica –algo sobremanera importante en el pensamiento del autor-, único medio por el cual las personas realizarán su vocación natural de integrarse, superando la actitud de acomodamiento, comprendiendo los temas y tareas de su época.

Y es que, como sucede y notamos en México, Freire se percata también en Brasil que a la persona simple, oprimida, disminuida y acomodada, convertida en espectador, es guiada por los apetitos de la élite que versa sobre él.

Bien lo dice el pensador al decir que lo que importa realmente es ayudar a las personas a recuperarse, de igual forma a los pueblos: hacerlos agentes de su propia recuperación.

Apuesta por el diálogo –el crítico, el evolutivo, el integral y abierto-, ya que la misma existencia implica dinamismo, es decir, implica un diálogo eterno de las personas con sus semejantes, con el mundo y con su creador. Para poder llegar así a una transitividad crítica, la cual solo se podrá tener acceso con una educación dialogal y activa, orientada hacia la responsabilidad social y política.  Además de combatir, a su vez, el antidiálogo, mismo que implica una relación vertical de A sobre B, ya que éste es nocivo pues es desamoroso, acrítico, no es humilde sino arrogante, no admite cuestionamiento ni sugerencia. Con el antidiálogo se vulnera aquella relación de simpatía entre sus polos, que caracteriza el diálogo. Por eso, el antidiálogo no comunica, hace comunicados.

De ahí que esta transitividad crítica sea característica de los auténticos regímenes democráticos y corresponda a formas de vida altamente permeables, interrogadoras, inquietas y dialogales, en oposición a las formas de vida mudas, quietas y discursivas, de las fases rígidas y autoritarias, como se percibe la forma de vida en México, en el retroceso que sufrimos y que los grupos usurpadores del poder –esa partidocracia que tanto daña al país- pretenden presentar como un reencuentro, como una democracia.

Freire desea acabar con esto, superar la masificación en que estamos inmersos, aunque no sea más que una sola vez, una reflexión sobre su propia condición de masificado. Le preocupa sobremanera la condición de mutismo  de las personas, nadie las oye, ni siquiera existen. El anhelo de esa extraña democracia el silencio del pueblo, quietud y silencio, inmovilidad. Por esa misma razón es relevante el diálogo, ya que implica la responsabilidad social y política de las personas, además de desarrollar un sentido de participación en la vida común. De ser escuchados.

Ya que la democracia antes de forma política es forma de vida y tiene la singular característica de poseer gran dosis de transitividad de conciencia en el comportamiento humano. Ya decía Bardu que una reforma democrática debe hacerse no solo con el consentimiento del pueblo sino con sus propias manos. Cuestión de empoderamiento, de participación, de ser considerados y escuchados.

Por eso el interés de leer a Freire, por una educación que libere, que posibilite a las personas para la discusión valiente de su problemática, de su inserción en esta problemática, que lo advierta de los peligros de su tiempo para que, consciente de ello, gane fuerza y el valor para luchar, en lugar de ser arrastrado a la perdición de su propio yo, sometido a las prescripciones ajenas. Educación que lo coloque en diálogo constante con la otredad, que lo predisponga a constantes revisiones, a análisis críticos de sus descubrimientos, a una cierta rebeldía (como Wilde y Ziin vislumbraron también), en el sentido más humano de la expresión, que lo identifique, en fin, con métodos y procesos científicos.

La educación es un acto de amor, por tanto, un acto de valor. No puede temer el debate, el análisis de la realidad ni huir de la discusión creadora bajo pena de ser una farsa. Si se desea alfabetizar no se podrá hacer desde arriba hacia abajo, como una donación o una imposición, sino desde adentro hacia afuera. Una apuesta, sobre todo, de amor.

[1] Librepensador. Maestro y Especialista #DDHH, UNAM.

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DC

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