Home Análisis 10 razones para el “mal humor social” ante Peña Nieto
10 razones para el “mal humor social” ante Peña Nieto

10 razones para el “mal humor social” ante Peña Nieto

0

Prácticamente todos los analistas críticos de la prensa mexicana han escrito sobre el exabrupto (¿o transferencia emocional?) de Enrique Peña Nieto en su discurso de la semana pasada en el Tianguis Turístico de Guadalajara.

“Leyendo algunas notas, columnas y comentarios que recojo de aquí y de allá, en donde se dice: es que no hay buen humor, el ánimo está caído, hay un mal ambiente, un mal humor social. Pero déjenme decir, en este espacio, hay muchas razones y muchos argumentos para decir que México está avanzando, que México está creciendo en varios ámbitos”.

En el autoengaño peñista está la trampa de su propia argumentación. ¿Si México avanza por qué la sociedad no lo percibe? ¿Si su gobierno ha hecho grandes reformas estructurales por qué sus beneficios no han aterrizado?

Aquí le daremos al gobierno y sus promotores algunas 10 razones de ese mal humor social:

1.-Tratar al mexicano como ignorante. Durante décadas, el priismo basó su dominio en la ignorancia administrada del mexicano: la televisión, la prensa domesticada, la enseñanza en las escuelas para domesticar al ciudadano dejaron su legado. Ahora sigue lo mismo, pero hay opciones de información y deliberación.

Los mexicanos podremos estar divididos, encabronados, pero no somos ignorantes. Lo peor que pudo pasar en esta época es tener al primer mandatario más ignorante, frente a una sociedad que busca cada vez más mejor información.

2.-Insistir en la propaganda vacía. Siguen pensando los peñistas que su estrategia de comunicación debe ser “vender los logros” e ignorar los problemas. Que “superemos” los momentos críticos. El trabajo de Peña Nieto es gobernar, no vender percepciones. La propaganda vacía de su sexenio resulta aún más ofensiva porque violenta la propia convicción del enojo social.

Su principal error fue aquella campaña propagandística “Ya chole con tus quejas” que resultó no sólo contraproducente sino reveladora de cómo ve el gobierno a sus gobernados. Y si Peña se olvida que prometió grandes bondades con la reforma energética que nadie ve, la sociedad mexicana recuerda sus mentiras.

3.-La corrupción rampante. Cree el señor Peña y sus principales funcionarios que la corrupción es “un problema cultural” que estará siempre presente en la sociedad mexicana. Ese es uno de los credos priistas más acendrados: si la corrupción está enraizada en nuestra cultura, para qué intentamos combatirla, mejor la repartimos.

No hay sexenio más corrupto que éste y eso que la administración de Peña Nieto tiene competencia enorme: ahí están los casos de López Portillo, de Carlos Salinas, de Vicente Fox y de Felipe Calderón por mencionar los más recurrentes.

La corrupción es mayor porque viene acompañada de un cinismo infinito. Desde su padrino Arturo Montiel hasta su socio Juan Armando Hinojosa, desde el escándalo de la Casa Blanca hasta los escándalos de OHL y los que vendrán, el periodo peñista quedará marcado por la corrupción.

4.-La violencia incrementada. El PRI basó su retorno al poder en el desgaste de la estúpida “guerra contra el narco” de Felipe Calderón que dejó, oficialmente, 104, 089 personas muertas. Sin embargo, en sus menos de 4 años de gobierno, Peña Nieto ya acumula 57, 194 muertos derivados de la violencia cruzada, la inseguridad y la corrupción entre el crimen organizado y los cuerpos estatales encargados de combatirla.

Estos son datos de la Secretaría de Gobernación, no de una ONG. Y más allá de las cifras existen las historias concretas de esa violencia. Ahí está el incremento de la inseguridad en una entidad como Guerrero, quizá la más castigada por la ineficacia peñista, pero también el crecimiento del secuestro, el robo y los homicidios en el Estado de México, la demostración más clara de que el grupo en el poder no sabe cómo gobernar, aunque sepa cómo corromper.

5.-El caso Ayotzinapa. Son 19 meses de ignominia. El secuestro de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la muerte de 6 personas y las decenas de heridos que dejó la brutal agresión de la noche del 26 y 27 de septiembre de 2014 se han trasladado por completo a la pésima demostración de montaje del gobierno peñista para no resolver uno de los crímenes más desastrosos.

En política no hay expedientes cerrados si se basan en la mentira y la represión. Tarde o temprano se descubren. El caso Ayotzinapa no fue “superado”. Por el contrario, está más vivo que nunca y el responsable directo de la debacle ya no es el miserable narco-alcalde de Iguala o el corrupto ex gobernador Angel Aguirre sino el mismo Peña Nieto.

La falta elemental de respeto y civilidad con el GIEI –que el propio gobierno de Peña Nieto invitó para “limpiar” su imagen- termina siendo el peor boomerang. Los expertos no se callaron y documentaron con una credibilidad que el gobierno carece la peor historia de encubrimiento, torturas y falsedad de evidencias para ajustar la versión oficial de lo que sucedió con los normalistas. Lo peor es que nadie ha querido decir y confirmar qué sucedió exactamente. Y dónde están los 43.

6.-El endurecimiento gubernamental. Para la mayoría de los mexicanos es un hecho que el fracaso de Peña Nieto se está traduciendo en un endurecimiento de su administración.

Ahí están los hechos: la intolerancia con los disidentes del magisterio; la aprobación de leyes que anuncian una mayor impunidad militar (ahí está el Código de Justicia Militar avalado por el Congreso); las campañas y filtraciones informativas contra críticos; el encarcelamiento de dirigentes sociales (el caso Mireles es el más significativo); la censura en medios electrónicos (la expulsión de Carmen Aristegui de MVS); la aprobación de leyes intimidantes como la rebautizada #LeyEruviel; la persecución fiscal contra los empresarios o profesionista que no son parte del “proyecto”; el desmantelamiento de sindicatos.

El endurecimiento del peñismo revela su debilidad, no su fortaleza. Y eso aumenta el mal humor social.

7.-La frivolidad de la pareja presidencial. Angélica Rivera y Enrique Peña Nieto confunden el servicio público con la pasarela de sus traumas, miserias y complejos. Creen que viven una telenovela cuando protagonizan una parodia ofensiva para la mayoría de los mexicanos. Superaron los exabruptos de la “pareja presidencial” de Vicente Fox y Marta Sahagún porque transformaron en ridícula simulación lo que a todas luces es un acuerdo contractual.

Angélica Rivera se “venga” del odio social con sus portadas en revistas de sociales para presumir lo que debiera ser máxima discreción: sus viajes, su vestimenta, su oportunismo hasta con el Papa.

Es una frivolidad manchada de trampas y montajes, como el caso de su “boda” y la anulación sospechosa del enlace matrimonial previo entre Rivera y José Luis El Güero Castro, documentada por Proceso y Aristegui Noticias.

8.-La ausencia de crecimiento económico. No sólo incrementó en 2.2 millones el número de pobres (en pleno sexenio de la Cruzada Nacional contra el Hambre) sino que se ha castigado más a la clase media.

Ni empleo, ni salario ni expectativas de crecimiento. Frente a este panorama, insisten los sabios peñistas (como este señor oculto llamado Luis Videgaray) en responsabilizar a la “volatilidad externa”. Todo es un problema exterior, nada es causado por ellos. Esta insistencia en lavarse las manos y maquillar el estancamiento ha ofendido más a la población.

9.-La crisis de derechos humanos. Todos los días se documenta esta crisis negada oficialmente por el gobierno federal. Matanzas como las de Tlatlaya o las de Apatzingan; tragedias como las de la Torre de Pemex II y Los Pajaritos; operativos militares y detenciones arbitrarias; evidencias de torturas y de incremento de delitos como la trata de personas; el desastre de los ministerios públicos y los excesos de los policías y militares coludidos con el crimen forman parte de este panorama.

El símbolo más claro de esta crisis es el gobierno priista de Veracruz. Nada logra que Javier Duarte sea removido de esta administración que se ha vuelto una auténtica pesadilla para sus habitantes y para los periodistas.

Veracruz no es el único caso, pero sí el más insistentemente mencionado en los medios nacionales e internacionales. Peña Nieto perdió la oportunidad de demostrar su interés en frenar los excesos cuando ordenó la impunidad de Duarte. El mensaje fue claro para los demás gobernadores: sus excesos no serán castigados si forman parte de la red de complicidades y secretos peñistas.

10.-La mala imagen internacional. Peña cree que vivimos en un mundo autárquico, que sólo se globalizan las mercancías, las materias primas y los mercados, pero no la información y la crítica. La sociedad mexicana está claramente enterada de que somos gobernados por el gobierno con la peor opinión internacional en los últimos años.

El menosprecio al GIEI, la falta de visión de Estado para defender a los mexicanos frente a los insultos de Donald Trump, las críticas de la prensa extranjera a la corrupción y a las violaciones a derechos humanos en México constituyen algunos de los ingredientes de este panorama.

Fuente: Homozzaping.

 

Notas relacionadas:

DC

LEAVE YOUR COMMENT

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *