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Fidel Castro era una expresión, una vivencia y una supervivencia en tiempos brutales

Fidel Castro era una expresión, una vivencia y una supervivencia en tiempos brutales

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Intervención de la Senadora Ana Gabriel Guevara

La histórica confrontación entre las ideas, la irrefrenable demanda por justicia; el inacabable enfrentamiento entre los seres humanos por poder, territorio y riquezas; por respeto, por contención, por igualdad.

Confrontación por creencias de supremacía y poder patriarcal; entre colores de piel, entre sexos, entre clases sociales; entre visiones del mundo. Confrontaciones bajo inmensas energías por conservar y ahondar las desigualdades sociales a través de la concentración de la riqueza; con los recursos de la corrupción. Confrontaciones desde la dignidad, desde la furia de la víctima, desde la humillación de los expulsados de cualquier tipo de bienestar.

Todo, todo ello debería generar, en el ser humano, una certeza: Cada cual tiene su verdad y su razón. No habrá coincidencia. No puede haberla. Depende en qué lado estés, de qué experiencia vives. Esto ha sido la humanidad.

Ninguna ideología puede arrojar la primera piedra cuando se han arrojado sin mesura por todos lados. Las discusiones por la razón son adornos de la ociosidad porque la verdad está ahí, en calles y campo. Y eso es inocultable.

Por ello, cuando se habla de ciertos personajes históricos suelen estallar naturales efervescencias, adversarias y afines. Parece que no hay interés en situarlos en sus contextos históricos de tensión o de determinación y el único motivo es el refrendo de una, a veces cómoda, posición ideológica.

Las lecciones de la historia no son refrendos de identidad personal. La historia no es ideológica, sus manipulaciones sí. Las lecciones están ahí con su calidad, su calibre y su definición. No siempre sirven como ejemplo, lo hemos visto en esta triste tendencia a las guerras, a las intervenciones, a las explotaciones de suelo ajeno y personas.

Todo esto lo digo porque mencionar a Fidel Castro, el comandante, haciendo memoria, genera todo tipo de reacciones, de confrontaciones. Fidel Castro irrebatiblemente es un gigante en términos de esta permanente confrontación entre pareceres ideológicos. Para ello tenemos que tener en claro que la emergencia de este liderazgo inusual fue en un país invisible y mínimo en la política mundial antes de los cincuentas, usado y vejado por una potencia extranjera hasta lo insoportable.

Cambiar esa situación por medio del diálogo era impensable. Ya el parlamento cubano (ahí la eventual ilegitimidad de los parlamentos)  y sus autoridades habían permitido y facilitado que la agresión llegara a un colmo.

Y el proceso de ese hartazgo ya se conoce como una gesta humana de alcances míticos que simplemente trastocó todas las prospectivas que se tenían respecto a América Latina, al Continente Americano y el mundo; la pequeña isla se alzó, se visibilizó como una constante a la que había que considerar en todas las poderosas agendas de seguridad nacional mundial.

Fidel Castro erigió el peor de los insultos contra el soberbio poder yanqui de una forma que no pudieron tolerar. Venido de un latino demasiado cercano a sus costas. Aún ahora el escozor renovado por el candidato electo está manifestando amenazas que incluso están preocupando a grupos de derecha moderada.

Amenazas de invasión, elaborados espionajes con intenciones de asesinato que superan cualquier ficción política, fueron conjurados por Fidel. Eso le dolerá por siglos a los extremos de la derecha, afines y convencidos.

Dejemos el trillado debate sobre las cosas excelsas y las críticas contra Fidel, ya las redes están hartas y saturadas de ello. Tratemos, y esa es mi intervención de asimilar el mensaje del comandante.

A muchos no les ha quedado clara la pretensión de los poderes neoliberales del mercado. El cambio climático les resulta risible y la desigualdad social lo consideran destino manifiesto. Muchos no se han enterado que los mismos procesos que levantaron la revolución cubana, son parte del paisaje cotidiano de este país. Y eso tiene responsables porque ha sido manufacturado a golpes legislativos.

Veamos en la actitud de Fidel que la paz neoliberal es una guerra sórdida y mezquina, solapada, con grandes esfuerzos invertidos por ocultarla al mundo.

Aquí mismo tenemos un estrato bélico contra el pueblo, continuo, interminable, en el cual cada día se da otra vuelta de tuerca, ley tras ley, decreto tras decreto este país se cuadra ante los imperativos del mercado como una maquinaria periférica.

Ustedes legisladores seguramente han marcado posición en redes sociales y cada quien responderá a una particular y delimitada visión de las cosas.

Apelarán a los derechos humanos cuando nuestro país ya no puede esconder tantos cadáveres. Apelarán a las libertades cuando en nuestro país quien abre la boca es desaparecido, pregunten a la comunidad periodística. Apelarán al control de los medios de comunicación cuando en nuestro país la ciudadanía ha tomado a las redes sociales como una vía natural a la expresión.

Apelarán a una austeridad rígida cuando en un mundo de libertades, de mercado por supuesto, la seguridad alimentaria está en vilo mientras ese país resiste aún un bloqueo económico que no ha medido su vocación criminal y es festejado por adversarios que nunca pudieron mover a un cubano, la sal de la impotencia molesta.

Al comandante le fue dado entender los complicados mecanismos de la geopolítica con sus tensiones de poder y dominio, le fue claro; lograr despejar y conjurar los dilemas de amenaza permanente de los enemigos y adversarios, externos e internos, le fue posible.

Lograr que Cuba captara la atención mundial en diversas situaciones, que incluso pusieron al mundo al borde de una conflagración atómica fue parte de su historia y de su posición que no se arredraba ante amenazas y fuerzas infinitamente superiores.

Fidel Castro era una expresión, una vivencia y una supervivencia en tiempos brutales.

Como toda personalidad titánica siempre acumulará detractores y siempre quedará como un misterio la capacidad de forjarse un liderazgo de altas dimensiones que confrontó y superó conjuras y conspiraciones políticas que superan cualquier ficción. Cierto, un liderazgo de firmeza, de profundo impacto social.

No les vengo a decir los logros de la Revolución cubana, quienes lo saben lo saben y quienes no los quieren oír jamás los escucharán.

Les vengo a dejar el mensaje, las señales que algunos vemos:

Se agota la posibilidad parlamentaria en nuestro país, se ha abusado del sometimiento a los requerimientos del poder, se asoma como nunca una avalancha autoritaria que exigirá de los pueblos una toma de decisiones contundente.

En esta tribuna se han avisado sobre las consecuencias de esa supinación por nuestros compañeros legisladores del grupo parlamentario al que pertenezco.

No esperemos que esta guerra que tienen contra el pueblo, en esta serie de concesiones que se tienen para mantener en distracción a la mayoría de la que se sirven pase a otro estado de mayor rispidez.

No le tanteen al pueblo que pueda generar un liderazgo contundente que los ponga a temblar. El pueblo tiene ya una acumulación de energías contrarias a sus enemigos de clase que no se podrá someter a la gobernabilidad represiva.  La persuasión pacífica por la justicia y la democracia no está dando resultados en muchos países.

Por ello invito a reflexionar con un minuto de silencio en memoria de un liderazgo colosal que concentró las energías del pueblo cubano, pueblo irritado y víctima del abuso que con un violento “sí” arrasó con las élites cubanas enriquecidas, los aliados y todas las maniobras intervencionistas.

Recordemos que tenemos en nuestros héroes esa veta de sublevación que se ha pretendido esconder. Hidalgo, Zapata, Villa y muchos otros tuvieron que tomar ese camino por la sordera y ceguera del autoritarismo.

Dejémoslo así y desde México le decimos: ¡Hasta siempre comandante Fidel Castro!

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DC

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