Home Senadores Intervención del Senador Manuel Bartlett durante la sesión solemne del Senado de la República para conmemorar el centenario de la Constitución (video)
Intervención del Senador Manuel Bartlett durante la sesión solemne del Senado de la República para conmemorar el centenario de la Constitución (video)

Intervención del Senador Manuel Bartlett durante la sesión solemne del Senado de la República para conmemorar el centenario de la Constitución (video)

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Foto de archivo

 

 

9 de febrero de 2017

Esta Sesión Solemne, Conmemorativa del Centenario de la Constitución de 1917, puede constituir un reconocimiento al extraordinario proceso de concreción de las demandas de las clases populares combatientes, la creación del “Constitucionalismo social” y asumir los valores originales, o simplemente reconocerlos; o, como ocurrió en el “Teatro de la República”, con la simulación ideológica del Ejecutivo, la más impúdica y falsa presentación como heredero de esa gesta histórica y de su Proyecto de Nación, en búsqueda de una legitimación que sus obras no generan.

Aquí precisamente, en este Salón, se ha producido en cuatro años, la más profunda “contrarreforma constitucional”, las Reformas Estructurales, en un proceso inverso al de la Revolución; el acuerdo cupular del PRI, PAN y PRD, con el Ejecutivo, que anuló la División de Poderes, y el Judicial, omiso en exigir constitucionalidad al Congreso. Acuerdo antidemocrático, traición a los respectivos electorados, bajo la tutela de organismos internacionales, particularmente la OCDE. Contubernio que conformó una mayoría ficticia, ilegitima, que facilitó el injerto constitucional de textos antitéticos a los valores esenciales de 1917; diciéndose todos, falsamente, “continuadores del Proyecto Nacional”, trastocado.

La Constitución de Querétaro, concreción de la Revolución, fue el instrumento del cambio social, conquistado popularmente, destacadamente sus artículos 3, 27, 123 que imprimieron un sentido social y nacional al ordenamiento jurídico y la vida política, económica y social del país. Es verdad que esa Constitución produjo el “presidencialismo mexicano”, como reacción a la fragmentación de 1857, y otras consecuencias negativas; pero asumió como fuentes de legitimidad, la visión social de la vida política y la dignidad nacional.

Los significados sociales y nacionales de 1917 comenzaron a trastocarse y menoscabarse en los años ochenta del siglo pasado. El neoliberalismo económico introdujo abruptamente cambios sin ninguna consulta a la  ciudadanía. En el Sexenio de Salinas: liberación del régimen jurídico de la tierra, del sentido social y nacional de la educación, de las relaciones iglesias-Estado; la soberanía y autodeterminación económica del país fueron sustituidas por principios y reglas constitucionales que han minado las bases del Estado-nación y del Estado de Bienestar. La élite política y económica aceptó sin condiciones el modelo neoliberal impuesto, correspondía –creyeron- a su intereses oligárquicos.

De Zedillo a Calderón se acentuó la visión neoliberal y el desmantelamiento de los derechos económicos, sociales, culturales y ambientales. Gobiernos que vulneraron, sistemáticamente, la independencia nacional. El Estado mexicano ha cedido soberanía económica, política y jurídica al exterior, vía acuerdos comerciales y, peligrosamente, de Seguridad Nacional. México es hoy severamente dependiente y los derechos sociales en vías de extinción: se privilegia a la educación privada sobre la pública; se alienta el “outsourcing”, los sindicatos independientes son debilitados; se privatiza la electricidad, hidrocarburos, agua, costas y playas, los espacios públicos y comunes de las urbes; la brecha de desigualdad social se extiende y millones de jóvenes carecen de esperanza sin acceso a educación ni empleo.

Las reformas estructurales han conformado un régimen  político-económico y jurídico elitista y extranjerizante. Las reformas constitucionales: educativa, fiscales, electorales, energéticas, penales, etcétera, son la antítesis de la letra y espíritu de la Constitución de 1917. Hoy, merced a la continuidad del “Pacto por México”, el Congreso obsecuente legisla acrítico, conforme a la voluntad del Presidente y éste, a su vez, lo es de los intereses del gobierno norteamericano y los mandatos inviolables de  organismos internacionales. El poder judicial deviene en salvaguarda del régimen neoliberal. Se destruye el federalismo, concentrando el poder en el Presidente, que acata la recomendación externa de la militarización del país, realidad atroz que con su “letalidad” pulveriza la vida de miles de mexicanos y amenaza su futuro.

La oligarquía nacional celebra las Reformas Estructurales como “modernización” que nos permiten el entendimiento con el “primer mundo” y los organismos internacionales, en realidad porque favorecen sus intereses económicos, a la corrupción que enriquece a unos cuantos, pero sometidos con migajas al mandato de transnacionales.

El constitucionalismo neoliberal es antidemocrático. Los ciudadanos no participan en los asuntos que les afectan: no participan aprobando los tratados comerciales, de seguridad que nos supeditan a intereses foráneos; no se les pregunta si están de acuerdo en la privatización de los recursos naturales, se les veda el derecho a la consulta, previsto en el artículo 35 fracción VIII de la Constitución.

Los ciudadanos participan, sí, en los procesos electorales pero sus resultados son manipulados por el poder mediático y económico, oligarquía, no democracia. Los partidos políticos han perdido su contenido ideológico, en componendas y alianzas cínicas sin más fines que el Poder y la repartición de beneficios; desprestigiados, el pueblo los rechaza. “Statuo quo” a ultranza, dado que las reformas que prosperan son las que no ponen en riesgo la estructura del poder económico en México y en el mundo.

Hoy, al conmemorar la Constitución de 1917, es evidente que su falsificación neoliberal, nos ha llevado a la incapacidad el Estado, disminuido al interior y sometido al exterior, de cumplir con su responsabilidad nacional y defender sus intereses. Para quienes creen en los valores neoliberales injertados, lo auténtico y legitimo sería asumirlos ante el pueblo de México, pero la hipocresía que rodea estas conmemoraciones no anuncia ni la sinceridad de los neoliberales, ni la recuperación de un Estado “quebrado” económica y socialmente, ni el cambio de rumbo. La Constitución parchada, deformada, es “camisa de fuerza” que impide la regeneración nacional frente a la corrupción, la pobreza endémica impuesta por el modelo neoliberal;  y la construcción de la fortaleza democrática y social que requiere la salvación de una Nación sometida –expoliada-, que impide el rescate de la Soberanía, la Unidad en una Nación fracturada por el abandono de lo social, y que impide la reconstrucción de la fuerza nacional indispensable para el auténtico desarrollo del pueblo de México.

Senador Manuel Bartlett Díaz

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DC

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