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Guerra sucia cibernética. Una columna del Senador Manuel Bartlett

Guerra sucia cibernética. Una columna del Senador Manuel Bartlett

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Cambridge Analytica, fundamental en la campaña de Trump, está en México para intervenir en las elecciones de 2018. Creada en 2013 por la británica Strategic Communications Laboratories (SCL), que vende: “datos, análisis y estrategias a gobiernos… militares… programas de cambio de conducta en más de 60 países… en Irán, Libia y Siria,… Afganistán,… identificando… personas susceptibles a la propaganda estadounidense” (New York Review of Books). El accionista principal de Cambridge es Robert Mercer (The Guardian), séptimo millonario más influyente en política (Washington Post); acusado de ultraderechista: “dijo que la Guerra del Golfo, simplemente deberíamos haber arrebatado el petróleo; … los derechos civiles, … fueron un error”; fanático de las armas…, repudia la seguridad social de EU; máximo manipulador de la política estadounidense desde que la Suprema Corte sentenció eliminar todo límite al dinero que quieran invertir en elecciones, corporaciones y grupos” (The New Yorker). Donante principal de Trump, dueño de Breitbart News, especializada en información falsa (fake news), dirigida por Bannon, fascista, directivo de Cambridge, director de campaña de Trump.

¿Qué vende Cambridge? Según su director, Alexander Nix, información confidencial de individuos: “perfil psicométrico de cada ciudadano… siguiendo su rastro digital: …cada click, interacción, palabra buscada, páginas que visita,… llamadas telefónicas, aplicaciones descargadas (apps), transacciones de tarjetas de crédito, ubicación geográfica,… cada detalle de vida… hábitos… género, edad, auto, gustos, preocupaciones sociales, afinidades políticas” (ViceNews). Afirma tener dichos datos de 230 millones de votantes estadounidenses, usados para emitir mensajes que “convenzan indecisos, desanimen rivales”. O sea: espionaje, “guerra psico-política” (The New Yorker) como su intromisión en Facebook, “sin el conocimiento de los usuarios” (The Guardian). Investigados por el Congreso norteamericano por su intervención en elecciones de ese país (Time). Recientemente, Julian Assange informó que Cambridge le pidió correos electrónicos de Hillary Clinton, para su “guerra sucia”. Cinismo del director de Cambridge, respondiendo a críticas: “Quien no quiera que se revele su vida privada, no use redes sociales, restrinja la manera en que interactúa con las compañías que recolectan grandes cantidades de datos” (ViceNews).

Recientemente, Cambridge presentó en México una encuesta, criticando otras encuestas que dan apenas un tercio de preferencias a Andrés Manuel López Obrador y corrige: “AMLO es favorecido por 50% entre jóvenes de clase media, seguido muy detrás por otros”, denominándolo “el enemigo a vencer” por quien quiera ser Presidente. Explícitamente, ofrece su método de utilizar la información privada de mexicanos para manipularlos en contra del “candidato a vencer”. López Obrador, el 17 de noviembre, denunció a Cambridge, contratada por atacarlo. Pidió al INE investigar el origen de su financiamiento y denunció su vinculación con la empresa Gabinete de Comunicación Estratégica, de Liébano Sáenz, quien lo negó el 19 pero el 25 atacó a AMLO, en la línea derechista, en Milenio. El 26, día del “destape”, Berrueto, socio de Sáenz, presentó encuesta de su empresa con Meade a sólo tres puntos de AMLO —“el enemigo a vencer”—; afirmación motivo de burla generalizada.

A pesar de que el director de Cambridge afirma que su oferta está protegida por la garantía constitucional de libertad de expresión, desecha que tiene el límite del derecho de terceros, lo que viola derechos a la privacidad de mexicanos para usar esa información en mensajes manipuladores. Es evidente que estando Mercer, Trump, su yerno “Kushner —hermanado a Videgaray—, la manipulación que ofrece Cambridge, además de favorecer a quien compita contra AMLO, estará orientada a impulsar intereses políticos extranjeros. Tiene razón AMLO, la intervención de Cambridge debe ser impedida por el INE, implica dinero extranjero en nuestras elecciones, violando la “ley de datos personales” mediante perversos mecanismos. De no intervenir el INE, debe procederse ante el Tribunal Electoral.

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